Málaga en la flotilla de la libertad

Cuatro voluntarios de la provincia participarán en la expedición que trasladará ayuda a la franja de Gaza

LUCAS MARTÍN. No saben a lo que se van a enfrentar. El mar queda a sus espaldas. Sentados en una mesa portátil escuchan el rumor de la playa de La Misericordia. En apenas unos días todo será agua. Y motivos marineros. Una travesía mucho más dura por el enquistamiento político que por la incontinencia del Mediterráneo. Su objetivo es alcanzar la franja de Gaza. Van a repartir ayuda humanitaria, algo que en cualquier otro país sería una actividad segura, pero que allí, precisamente allí, carece de las más mínimas garantías de protección. Sobre todo, después de los sucesos del pasado año, en el que nueve activistas perdieron la vida y más de 50 resultaron heridos en una operación del ejército de Israel que convulsionó a medio mundo.

Manu Pineda, Alberto G. Watson, Manolo García y Andrés González son los rostros malagueños que formarán parte de la tripulación internacional que partirá a finales de este mes hacia lo que consideran el mayor campo de concentración abierto del planeta. Serán doce barcos, con activistas de medio centenar de países. Entre ellos, artistas, europarlamentarios y judíos opuestos al bloqueo de la zona. ¿Miedo? Pineda considera que el abordaje y el ataque del pasado año ha sido un estímulo poderoso para agitar la idea de la Segunda Flotilla de la Libertad, que empezó a fraguarse justo entonces y que ha maniobrado sobre una red de apoyo espontánea, surgida en muchas regiones del mundo.

El activista cuenta que han sido muchos los esfuerzos para poner en marcha la campaña. Durante los últimos meses, el movimiento Rumbo a Gaza ha estado recabando fondos para financiar los lotes de ayuda y el barco que aporta España. Se han organizado conciertos, actos benéficos, con resultados asombrosos. «Hemos podido adquirir una embarcación, modesta, sí, pero con capacidad para trasladarnos», indica Pepe Quintana, portavoz del colectivo en Málaga.

El punto de partida de la expedición sigue siendo un misterio. El próximo 18 de junio se hará un acto simbólico de despedida en el puerto, pero el viaje, por el momento, se mantiene en secreto. Los activistas temen que Israel presione a las administraciones para que impidan la salida de la flota. En el caso de España, ya ha operado la diplomacia y la recomendación del Gobierno es que se inhiban para no entorpecer los avances diplomáticos. «Nos dicen eso como si estuvieran a punto de resolver el problema, después de 63 años sin soluciones», detalla Pineda.
Los expedicionarios se sienten poco amparados por el Estado. Nadie les ha prometido preservarles de un eventual ataque. La flotilla de la libertad se ha convertido en un símbolo, pero su inspiración no sólo es romántica. Israel no permite la llegada de ayuda internacional a la franja de Gaza, donde malviven más de 1,5 millones de personas. «Los mismos militares que se pasearon hace poco por Málaga no van a defender a estos cuatro», lamenta Quintana.

A falta de apoyos decididos, los activistas han decidido arrostrar la misión con sus propios medios. El primer movimiento ha sido solicitar a la ONU la inspección meticulosa de todas las embarcaciones para evitar que Israel pueda apelar a un presunto movimiento de armas. «Al fin y al cabo nuestra protección dependerá de la presión que se haga en la comunidad internacional», razona Pineda.

El cargamento de la flotilla está formado por 2.000 toneladas de ayuda. Material escolar, medicamentos y cemento, un bien extremadamente necesario para reconstruir las casas de los palestinos, muchos de los cuales, puntualiza G. Watson, «viven todavía entre escombros después del último ataque».

Fuente: la Opinión de Málaga