Miguel A. San Miguel:”Sobran razones para ir a Gaza”

Miguel A. San Miguel. Brigadista de «Rumbo a Gaza» y miembro de la dirección del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe en Asturias.

La ministra de Exteriores Trinidad Jiménez, ha desaconsejado que salga el barco español «Rumbo a Gaza». ¿Razones? Que entorpecería el proceso de paz.

¿Pero de qué paz habla esta señora? ¡Que se lo pregunten a los palestinos! Cuando Israel ha convertido a Gaza en el mayor campo de concentración del mundo con millón y medio de personas que mueren lentamente. Cuando, desde el año 1947, emplea la limpieza étnica por sistema. Cuando ha impuesto un régimen de apartheid. Cuando los palestinos son el mayor colectivo de refugiados del mundo. Cuando están perpetuando ejecuciones selectivas y masivas. Cuando les han arrebatado aguas, casas y ya sólo les queda el 10% de la tierra que los vio nacer. Cuando un tercio de los parlamentarios palestinos están en prisión Cuando los gobiernos de la UE -entre ellos el de España- son cómplices de lo que está pasando según el Tribunal Russell.

Por todos estos motivos sobran razones para ir a Gaza.

El Estado de Israel habla de proceso de paz y, mientras tanto, no ha cesado en la política de ocupación, y sus excavadoras, sin pausa, no han cesado de usurpar tierras, y las casas se entregan a judíos procedentes de Argentina, Rusia, Ecuador, etcétera.

Mientras Israel habla de paz, no quiere oír hablar de la retirada de los territorios ocupados, ni de la destrucción de un muro que no marca frontera alguna sino que incrementa la rapiña y hace inviable un Estado palestino.

¿De qué proceso de paz habla el Estado de Israel y de qué paz habla el Gobierno de España?

¿De verdad la Unión Europea y el Gobierno de España han tomado medidas para que Israel acate la legislación internacional y respete los derechos humanos? ¿Condenaron a Israel por la operación «Plomo fundido», cuya principal víctima fue la población civil?

¿Qué hizo el Gobierno de España cuando Israel, en una acción de piratería, secuestró a la primera «Flotilla de la libertad» y entre ellos había ciudadanos españoles? ¿Acaso mandó sus fragatas para protegerlos como a los atuneros? Todo lo contrario: puso a disposición del embajador de Israel los micros y las cámaras de la televisión pública para que este energúmeno los calumniara tildándolos de terroristas.

¿Por qué no toman medidas contra ese Estado como las que están tomando con Libia?

Demasiada hipocresía de los estadistas del mercado y de los mercaderes del templo mirando siempre hacia otro lado.

Ante esta pasividad, ante tanta impunidad, ha surgido «Rumbo a Gaza». Llevar adelante el proyecto ha sido correr una carrera de obstáculos. Y en ella ha habido zancadillas de todo tipo. ¿Pero es que llevar medicinas, cemento y artículos de primera necesidad es un peligro para la seguridad de Israel?

Demasiada sumisión y servilismo de Gobierno y oposición mayoritaria ante un Estado que incumple por principio los derechos humanos, que ha convertido la guerra en la forma de ser; que sustenta su economía en la producción de armas y en la instigación de conflictos ¿Cómo interpretar, si no, la subida de las acciones de la Bolsa de Tel Aviv, siempre que estalla un conflicto bélico?

Por eso, ante tanta indiferencia, ante tanta complicidad y ante tanta impunidad, la «Flotilla de la libertad» ha enarbolado la bandera de los derechos humanos.

Es una flotilla en la que participan ciudadanos de cincuenta países con una presencia muy importante de personas vinculadas con la cooperación y la solidaridad; con mucha gente de países occidentales, de representantes de las instituciones estatales y europeas; también hay que destacar a un nutrido grupo de judíos antisionistas a quienes repugna el comportamiento del Estado de Israel y que claman que Israel no los representa al grito de «¡No en nuestro nombre!». Están indignados porque Israel está insultando la memoria del Holocausto, de la Inquisición, de los pogromos; denuncian que el Estado de Israel explota el victimismo para justificar la ocupación y la rapiña contra un pueblo con el que la gente de religión judía siempre había vivido en paz.

Me gustaría recordar a nuestros mandatarios que la mejor defensa de los procesos de paz consiste en exigir el cumplimiento del derecho internacional y de los derechos humanos, y no en tolerar desmanes.

Sabemos que en este viaje se van a correr riesgos, pero marchamos con la convicción de luchar pacíficamente por los derechos humanos.

El éxito de la flotilla dependerá de que nuestro Gobierno nos apoye y nos proteja; de la actitud de la población, de las instituciones, de los medios; y de todos aquellos que hacen suya la defensa de la justicia, de la libertad y de los derechos humanos.

Y para concluir, un deseo: que la sociedad española no siga el ejemplo del «escandaloso silencio de las buenas personas» y de que quienes nos gobiernan se olviden de lo políticamente correcto y opten por la defensa de los derechos humanos. Y estamos seguros de que Picasso, si viviera, se sentiría orgulloso de que el barco de los brigadistas españoles tuviera por emblema el nombre de «Gernika».