¿Se puede hacer una película cómica sobre un genocidio?

Mañana se estrena en el Círculo de Bellas Artes, y el viernes 8 a nivel comercial, un producto llamado “Un cerdo en Gaza”. Hay que evitar calificarlo como película, porque la creación audiovisual tiene límites, y varios de ellos son no faltar al respeto, la dignidad o los derechos humanos. El preestreno hace seis meses estuvo precedido por una protesta formal en el Congreso de los Diputados por parte del congresista de Izquierda Plural Joan Josep Nuet debido al contenido altamente ofensivo que se mostraba.

Una de la frases promocionales de la película reza: “Una comedia llena de situaciones brillantes, personajes burlescos y escenas gloriosas, sin olvidar incluir la dosis justa de ironía y ternura.”

Hacer comedia del genocidio que Israel está cometiendo con el pueblo palestino, especialmente con la inmensa cárcel al aire libre en que ha sido convertida Gaza, solo demuestra que, o bien se carece de sensibilidad, o bien se comparten las ideas de supremacía racial y política expansionista de ‘tierra vital’ del gobierno israelí (lo que en otros tiempos otra entidad nacionalista similar denominó ‘Lebensraun’).

Cualquier apreciación que se intente hacer de su ejecución técnica o artística está subyugada a la burda instrumentalización que se intenta plasmar en pantalla sobre la situación en esa zona del próximo Oriente.

Mofarse de la idiosincrasia de una sociedad regularmente bombardeada indiscriminadamente y que está siendo puesta al borde del colapso, introducir a los soldados israelíes ocupantes en ‘divertidas situaciones cómicas’ (como rezaba hace meses la primera sinopsis, ahora edulcorada), jugar con sensibilidades, faltar a la verdad -la población de Gaza e Israel no tienen ningún contacto debido a una barrera de apartheid y una zona militar ocupada junto a ella de hasta un kilómetro donde está prohibido acceder bajo amenaza de disparos de francotiradores israelíes-, son solo algunas de las vergüenzas que muestra este título.

Hay temas con los que no se pueden hacer comedias. Mucho tiempo ha pasado y seguimos atragantándonos viendo el genocidio colonial sobre los indios americanos queriendo ser ‘vaqueros’, consumimos basura propagandísticas o películas que normalizan las vejaciones raciales, religiosas, exaltación de la violencia, misoginia y el maltrato explícito.

Esta película, ahora, es solamente un ejercicio de mal gusto. En un futuro no muy lejano será una obra aparcada en un oscuro rincón de la ignominia creativa.