70 años de colonialismo y racismo consentidos por la comunidad internacional, ¡bastan ya!

Manifiesto 15 de mayo 2018, día de la Nakba, por Isaías Barreñada Bajo*

Mientras las autoridades israelíes celebraban la decisión estadounidense de trasladar su Embajada a Jerusalén, eran de nuevo masacradas decenas de palestinos que se manifestaban en la cárcel al aire libre que es la Franja de Gaza recordando que existen, que tienen derechos y que no aceptan el cúmulo de hechos consumados y de violencia ejercida por Israel en sus siete décadas de existencia.

Estos 42 civiles palestinos muertos y 1697 heridos -de los cuales 288 menores, 12 periodistas y 3 sanitarios- (según el Centro Palestino para los Derechos Humanos de Gaza, a 15 de mayo) se suman al medio centenar de muertos de las semanas pasadas, a los 2251 muertos de la operación militar israelí de julio de 2014, a los 105 muertos de la operación de noviembre 2012, a los 1417 muertos de la masacre de enero 2009. A los miles de muertos por el deterioro de las condiciones de vida provocado por el bloqueo a Gaza. A las ejecuciones selectivas. A Sabra y Chatila en 1982. A las decenas de incursiones represivas desde 1967. A las masacres de Kufr Qasem en 1956, Qibya en 1953, Deir Yassin en 1948, etc.

Esta ha sido la práctica continua del estado que celebra hoy su 70º aniversario. Y no lo hace ejerciendo su derecho a la autodefensa, lo hace porque nació como proyecto colonial y se ha mantenido como proyecto colonial, ocupando territorios árabes, realizando limpieza étnica constante y ejerciendo un régimen de apartheid. Israel se estableció como un proyecto ilegítimo y colonial que pisoteaba los derechos de los pueblos, y a lo largo de su existencia ha venido utilizando todas los medios imaginables para mantener su privilegio de estado colonial actual, sumando una nueva ilegitimidad.

Una pieza clave en este estado de cosas ha sido la complicidad de otros actores, estados, personalidades, movimientos políticos.. que han garantizado la impunidad de la que se ha beneficiado Israel. Israel se ha empeñado en normalizar u existencia y sus prácticas, y son muchos quienes le hacen el juego.

Pero ya no bastan declaraciones de condena a media voz que por otra parte se olvidan cuando surge la posibilidad de un acuerdo comercial o cuando se cree que dan algún rédito en política nacional interna. No se puede mirar para otro lado. Los estados tienen medios para presionar a Israel a través de sus relaciones bilaterales; lo que falta es voluntad política. La Unión Europea puede perfectamente cambiar el esquema perverso de relaciones que ha creado con semejante engendro político. Es nuestra tarea lograr que al igual de la República de Sudáfrica, que ha retirado su embajador, el Estado Español envíe un mensaje fuerte a Israel y que rompa el miedo cerval que tiene Europa a criticar a Israel. Basta de relaciones normales como si Israel fuera un estado más. Basta de cooperación privilegiada. Basta de replicar los argumentos del colonizador. Basta de mantener una institución pública española, el Centro Sefarad Israel, que sólo sirve para blanquear la imagen del Estado racista.

La Campaña internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) es hoy un arma formidable de resistencia, de desmontaje y de derribo del proyecto colonial. Los últimos acontecimientos de Gaza demuestran que es más necesaria que nunca. Toda la población puede sumarse desde un ámbito u otro a este frente mundial anticolonial.

Los palestinos han demostrado mil y una vez que están dispuestos a encontrar fórmulas de convivencia, y no sólo de coexistencia asimétrica entre desiguales, entre dominadores y dominados. Pero la convivencia debe basarse en la justicia. Una paz justa para todos, y duradera, requiere el final de la ocupación de Cisjordania, Gaza y el Golán, una solución justa al derecho de los refugiados a retornar a su país y a sus localidades de origen, y el final de la discriminación de los palestinos con ciudadanía israelí. Sólo con esos elementos se podrá dar por superado uno de los conflictos más longevos y atroces. Si eso debe suponer el fin del proyecto colonial del sionismo, bienvenido sea.

*Isaías Barreñada Bajo es profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Complutense de Madrid.