Gaza y los ‘drones’: el horrible ataque de 51 días

El pasado 7 de julio hizo dos años que el gobierno israelí lanzó un horrible ataque aéreo, terrestre y marítimo de 51 días sobre la población palestina de Gaza. Las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) lanzaron misiles, cohetes, artillería y proyectiles desde tanques y sin descanso sobre los 1,8 millones de personas palestinas que viven acinadas por el bloqueo terrestre y marítimo que Israel impone en esta estrecha franja de 25 millas de largo y cinco millas de ancho; uno de los territorios más densamente poblados del mundo. Cerca de 500 personas palestinas fueron asesinadas por los drones (aviones no tripulados) israelíes.

Los ‘drones’ de guerra se han convertido en algo habitual, tanto para Estados Unidos como para Israel. Los ‘drones’ sobrevuelan Gaza las 24 horas del día, siguiendo los movimientos de cada cohete palestino y preparados para disparar a los blancos -elegidos para morir- que marcan las FDI.

El Centro Mezan para los Derechos Humanos documenta que, a partir de 2008 y hasta octubre de 2013, 2.269 personas palestinas han estado muertas por Israel, 911 fueron asesinadas por ‘drones’ -la mayoría durante el 2008-2009, en la Operación Plomo Fundido-. En la Operación Pilar de Defensa que tuvo lugar en 2012, 143 de las 171 personas palestinas asasinadas por Israel lo fueron disparadas por ‘drones’.

En el ataque israelí contra Gaza de 2014, según el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos, huvo 497 personas palestinas que resultaron muertas por ‘drones’, el 32% de las muertes palestinas. Después de 51 días, 2.310 personas palestinas habían resultado muertas, 10.600 heridas -entre ellas 3.300 niños y niñas; 872 viviendas fueron totalmente destruidas o gravemente dañadas, y las casas de 5.005 familias fueron dañadas y aún estan inhabitables; 138 escuelas fueron dañadas o destruidas, 26 hospitales y centros de salud resultaron dañados. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 273.000 persponas palestinas en la Franja de Gaza habían sido desplazadas, de las cuales 236.375 (más del 11% de la población de Gaza) estaban refugiadas en 88 escuelas de las Naciones Unidas.

Las milicias palestinas dispararon cohetes de fabricación casera matando a 66 soldados israelíes, cinco civiles israelíes -entre ellos un niño- y un ciudadano tailandés en Israel.

Women suffering (@Samar Abu Elouf)Foto: Samar Abu Elouf

El ataque israelí de 51 días contra Gaza no debe ser caracterizado como una guerra entre fuerzas opuestas, sino como un ataque masivo lanzado desde una de las partes. Fue un ataque, perpetrado por Israel y sobre la población palestina de Gaza, desde aire, mar y tierra; que contó con un sin fin de suministros y equipos militares facilitados por los Estados Unidos, incluyendo el sistema de misiles llamado “Cúpula de Hierro”.

Ahora, dos años después del ataque israelí contra Gaza, las tensiones en la Cisjordania se han disparado. A partir de octubre de 2015, unos grupo pequeño de jóvenes palestinos de Cisjordania abandonaron la confrontación no violenta con el ejército israelí y tomaron los cuchillos -en lugar de rocas como sucedió en la última Intifada contra la ocupación-. La opresión israelí continúa haciendose presente con la construcción de asentamientos ilegales en tierras palestinas y con el encarcelamiento de cientos de jóvenes palestinos. El uso de cuchillos contra soldados de las FDI ha resultado con la muerte de civiles israelíes, así, como de una niña de 13 años de edad, en su casa. 34 israelíes, dos ciudadanos estadounidenses, un eritreo y un sudanés han muerto por el ataque con cuchillo, arma de fuego o embestidos por coches, y 214 palestinos han muerto por los soldados de las FDI durante este período.

El potencial de respuesta/venganza israelí a estos ataques con cuchillos es grande y probablemente no se dirige sólo a la zona de Cisjordania, sino también hacia Gaza.

Al igual que otros conflictos, las historias de muerte y de supervivencia de los civiles atrapados en los bombardeos y los combates despiadados debe obligar a los líderes a trabajar para poner fin a los conflictos, pero rara vez lo hacen.

Un nuevo libro publicado el 5 de julio pasado, relata los ataques de las IDF sobre Gaza en 2014 y se centra en la destrucción psicológica y física sufrida por la población de Gaza, por un sistema de arma en particular: los ‘drones’ asesinos que mataron 497 personas durante los ataques de 2014.

El escritor palestino Atef Abu Saif cuenta el día a día de una familia y una comunidad que resiste bajo el fuego de un enemigo lanzado desde el cielo -empezando el 7 de julio de 2014-, hace dos años.

The Drone Eats With Me: A Gaza Diary” es una descripción gráfica de la vida bajo el fuego y en particular con los ‘drones’ asesinos que acechan el cielo las 24 horas del día a la espera de su próxima víctima. “Los ‘drones’ (aviones no tripulados) nos acompañan durante toda la noche. El zumbido, zumbido, zumbido, zumbido es incesante -como si quisiera recordar que está ahi; que no va a ninguna parte. Se queda sólo un poco por encima de nuestras cabezas”.

Atef describe el sonido de los ‘drones’ cuando están cerca: “El ruido de esta nueva explosión subsidiosa; es reemplazado por el inevitable zumbido del ‘drone’, sonando tan cerca que podría ser justo al lado de nosotros. Es como si quisiese unirse a nosotros durante toda la noche como si levantara una silla invisible”.

Atef describe como veía su futuro durante el ataque que duró 51 días: “Nuestros destinos están todos en manos de un operador de ‘drones’, en una base militar en algún lugar que se encuentra cerca de la frontera israelí. El operador mira hacia Gaza de la misma forma en que un niño rebelde mira la pantalla de un videojuego. Se aprieta un botón y podría destruir toda una calle. Él podría decidir poner fin a la vida de alguien que camina por la acera, o podría arrancar de raíz un árbol en un huerto que aún no ha dado sus frutos. El operador localiza un objetivo, a su discreción, energizado por la confianza y el poder que sus superiores han puesto en sus manos”.

Ann Wright
Fuente: OpenEdNews