Laura Arau publica su testimonio sobre el abordaje realizado por comandos israelíes al velero Estelle, en 2012

Hoy, cuando el ‘Marianne’ se encontraba a 279 millas de la costa de Gaza, el capitan del ‘Marianne’, Joel Opperdoes, informó de un buque sin identificar y lo que parecía un avión de reconocimiento militar. Cerca de las 5 de la tarde han desaparecido. Las posibilidades de un abordaje al ‘Marianne’ han llevado a Laura Arau, pasajera en el velero Estelle el 2012, a publicar su testimonio de lo vivido en ese momento. Es la primera vez que se puede leer ese testimonio que, en su conjunto, nos muestra el grado de violencia psicológica al que son sometidos, en muchos casos, los pasajeros de las Flotillas de la Libertad.

Testimonio de Laura Arau sobre el abordaje al velero ‘Estelle’, en 2012

En julio de 2008 tuve la oportunidad de visitar los campos de refugiados palestinos en Líbano, donde se les niega a diario sus derechos sociales. Entonces, en el Líbano vivían más de 800 mil refugiados, de los que 100 mil estaban afinados en un campo de 2 km2 llamado Ein El Hilweh. Visitar este campo y conocer tanto a personas que fueron desplazadas desde Palestina el año 1948 como a otras generaciones nacidas ya en el mismo campo, de donde no pueden salir, me hizo tomar conciencia de la situación que están viviendo en la actualidad millones de palestinos y palestinas.

Unos meses más tarde, en diciembre de 2008, la CNN transmitía en directo la llamada Operación Plomo Fundido; una auténtica masacre donde murieron más de 1.400 personas, básicamente civiles. Fue en este momento cuando decidí que como parte de la sociedad civil no podía seguir pasiva y decidí unirme a proyectos contra el bloqueo y actuar.

En diciembre de 2009 participé como periodista y miembro de la asociación Cultura, Paz y Solidaridad Haydée Santamaría en la Marcha por la Libertad de Gaza que se realizó en Egipto, luego participé en la primera Flotilla de la Libertad y de allí a las siguientes flotillas que están habiendo.

La primera Flotilla de la Libertad marcó fuertemente mi vida y diría que aún no he superado la huella que dejó en mí aquel ataque tan desmesurado. Ser testigo directo y víctima, a la vez, de lo que pasó en el buque Mavi Marmara me ató a este tipo de acciones internacionales hasta conseguir que se haga justicia. Este ataque provocó en mí una gran rabia al experimentar en carne propia lo que la población palestina viene sintiendo y viviendo hace ya más de seis décadas. Considero que fui víctima de un ataque ordenado por responsables israelíes y que, a la vez, contó con la silenciosa complicidad de muchos gobiernos de todo el mundo, incluido el español.

Llevo conmigo el dolor de las muertes ocurridas en el Mavi Marmara que, a su vez, provoca en mí un sentimiento de culpabilidad de lo sucedido. Cada vez que pienso en ese momento se me niegan los ojos y siento una gran responsabilidad de terminar lo empezado. Participar en la acción llevada a cabo por el velero Estelle era de gran importancia para mí. No solo por ellos, sino por los miles de palestinos que viven bajo ocupación. Creo que ningún ser humano será realmente libre hasta que la feroz ocupación de Palestina deje de existir. Creo que todas las personas debemos hacer lo posible para cambiar esta situación. Por este motivo yo estaba a bordo del Estelle.

Cronología de los hechos

El día 6 de octubre de 2012 el velero Estelle zarpó del puerto de Nápoles (Italia) dirección a Gaza con la intención de romper el bloqueo marítimo que vive la población residente allí. El velero salió con una carga  41 toneladas de cemento para construcción -adquirido en el Estado español- y también con equipos médicos, libros infantiles, instrumentos musicales y pelotas de fútbol. Yo viajaba en este velero formando parte de su tripulación.

Hasta el 18 de octubre de 2012 estuvimos navegando con total normalidad. Me acuerdo que incluso envié una carta a los amigos contando cómo eran los días en el velero. Desde el momento que partimos de las islas griegas la sensación era que nos estaban siguiendo barcos. No pudimos comprobar realmente quien nos seguía.

Recuerdo que el día 18 de octubre de 2012 ya empezamos a sentir nervios porque el capitán del barco recibió una llamada del Ministerio finlandés de Exteriores anunciando que Israel detendría a los pasajeros del Estelle. Ya nos acercábamos a la costa de Gaza y, al igual que en anteriores flotillas, el barco podría ser abordado -ilegalmente y en aguas internacionales- por comandos israelíes en cualquier momento.

Decidimos reforzar algunas zonas del barco como la cabina donde estaba el timón porque, en caso de abordaje en aguas internacionales, no queríamos que nadie tomase el control de nuestro barco. Así que se reforzaron las ventanas de la cabina del timón con hierros soldados. Además, teníamos claro que, en caso de abordaje ilegal, debíamos pensar en una estrategia para poder salvar el material audiovisual que, junto a otros compañeros, yo estaría grabando. Entendimos que salvar este material era imprescindible para poder tener pruebas de lo que podría suceder en las siguientes horas. Así que pensamos en la mejor fórmula para poderlo sacar. Además, después de la llamada del Ministerio de Exteriores finlandés avisamos a todas las iniciativas internacionales que formaban parte de esta misión de la Flotilla de la Libertad para que estuviesen atentas en caso de abordaje.

El 19 de octubre de 2012 realicé mi turno de vigilancia y navegación entre las 20h y las 24h, hora de Jerusalén. Esta noche estuvimos mas atentos de lo normal a lo que sucedía en el mar. Podíamos divisar luces a lo lejos que, entendíamos, que podían ser fragatas que nos seguían. Grabé parte del vídeo que se pudo salvar donde se muestran estas horas previas al abordaje. Después de la experiencia vivida en el Mavi Marmara en 2010 yo era de las personas más conscientes de lo que podía suceder y como yo lo podría vivir y afrontar. Tenía claro que debía descansar e intenté dormir justo después de mi turno. Tenía la sensación de que en cualquier momento podría suceder el abordaje. Pero pude dormir.

El sábado 20 de octubre de 2012 me levanté temprano. A las 7 de la mañana ya casi todos los tripulantes estábamos despiertos. Unos haciendo su turno de vigilancia, otros al timón, otros desayunando, otros bloqueando con colchones una de las entradas a la cabina de mando y otros mirando a las primeras fragatas que veíamos ya a lo lejos.

Y llegó la hora… No recuerdo el momento exacto pero era entre las 9.30h y las 10h, hora de Jerusalén. Yo estaba cerca de la cabina de mando cuando se recibió el primer contacto por radio por parte de la armada israelí. Mi cámara estaba en la cabina así que no dudé en empezar a grabar ese mensaje en el que se nos decía que estábamos a punto de entrar en una zona bloqueada y si intentábamos entrar violaríamos la legislación internacional. También se nos decía que la armada israelí tomaría todas las medidas que fuesen necesarias para que no pudiésemos entrar en la zona bloqueada haciéndonos responsables de lo que nos podría suceder. Frente a ese aviso el capitán pidió a la tripulación que nos pusiéramos los chalecos salvavidas. Así lo hizo la mayoría de las personas que se encontraban fuera. Yo esperé un poco más para poder grabar sin molestias. El capitán del Estelle respondió a dicho contacto por radio diciendo que el Estelle era un buque escuela que transportaba carga a la Franja de Gaza y, añadió, que el puerto de Gaza era un puerto libre como los demás del mundo. Y les pidió que no hiciesen ninguna ilegalidad en aguas internacionales.

Mientras se estaba dando esa toma de contacto por radio vimos, a lo lejos, como se acercaban varias lanchas a toda velocidad dirección al barco y se tocó la campana del velero dando la alarma a todos los tripulantes. Debía haber al menos cuatro o cinco fragatas de la armada israelí rodeándonos. Lo primero que pude ver fue cómo dos lanchas se acercaron al barco por la parte delantera y, cuando me dí cuenta, la realidad era que había varias lanchas más que venían de distintas partes. Puede que hubiesen unas 10 lanchas: una parecía equipada con equipos transmisores, otras dos venían con cañones de agua… Tanto estas como las demás llevaban a unos 20 soldados cubiertos con pasamontañas y armados. Luego apareció un helicóptero que sobrevoló el velero Estelle.

Cuatro lanchas se acercaron al velero y nos rodearon mientras que las demás, entre las que estaban las que llevaban los cañones de agua, se esperaron un poco más lejos. La lancha que llevaba el equipo transmisor parecía que estudiase como podían hacer el abordaje. No pararon de dar vueltas al barco hablando a través del equipo transmisor. Habían cortado las señales. No teníamos acceso a internet ni podíamos llamar por los teléfonos aunque sí recibimos una llamada de un medio de comunicación al teléfono del propio barco y denunciamos el abordaje. Luego, silencio… Eran las 10.15h, hora de Jerusalén, y desde el barco enviamos un mensaje a los grupos de apoyo que estaban en tierra anunciando que el abordaje había empezado en las coordenadas N31º 26’ E33º 45’. Yo seguiría grabando el abordaje del que, posteriormente, se publicaría este vídeo.

La sensación fue que todo empezó muy rápido pero después los comandos se tomaron su tiempo. Los tripulantes del Estelle estábamos en distintas partes del barco. Recuerdo que Ricardo Sixto estaba en la proa del barco, junto al médico. Begoña Zabala se encontraba en una de las partes centrales del barco y yo estaba, junto a tres tripulantes más, dentro de la cabina de mando que, a su vez, estaba conectada con la cocina donde estaban otras tres personas que se encargarían de copiar y repartir las tarjetas que contendrían en vídeo las imágenes de lo que fuera pasando.

Justo antes de que los comandos israelíes abordasen el barco, nuestros compañeros nos encerraron con candados dentro de la cabina de control del barco y tiraron las llaves al mar. De esta forma se pretendía tener el control del barco durante el máximo tiempo. Además, se nos repartieron máscaras de gas por si los soldados israelíes decidiesen tirar bombas de gas dentro de la cabina. Yo estaba mentalmente preparada para lo que pudiese pasar y no dudaba de dejar de grabar aunque sabía que, para los soldados, eso me convertía en un objetivo al que requisar – o robar – la cámara. Así que quedamos encerrados dentro de la cabina de mando. A lado izquierdo la puerta estaba bloqueada con colchones que no permitían la entrada y, a su vez, estos colchones estaban bien guardados por tres tripulantes del Estelle. Al otro lado, a la derecha de la cabina de mando, estaban cinco tripulantes más entre los que estaban una mujer y un hombre que rondaban los setenta años. En los laterales de la parte central del barco se encontraban unas cinco personas por lado que serían los primeros en resistir pacíficamente al futuro abordaje del barco.

Y empezó… Se acercó por babor uno de estos pequeños barcos que llevaban una gran escalera y un cañón de agua, que no se usó. Este pequeño barco haría de puente entre las lanchas israelíes y nuestro barco para que los comandos israelíes entrasen en el barco. A estribor también aparecería un barco de las mismas características. El helicóptero no se alejaba de la zona donde estaba el barco y los grandes buques de guerra ya estaban muy cerca. Puede que nos rodeasen un total de siete lanchas más, con 20 soldados cada una.

Los soldados empezaron a entrar en el barco por la parte de babor del barco y, a medida que se encontraban con grupos de personas de la tripulación, esas les informaban que el barco no era de propiedad israelí y que estaban cometiendo una ilegalidad en aguas internacionales. Por los altavoces Dror Feiler, que se encontraba junto a mí en la cabina del timón, instaba a los soldados a desobedecer las ordenes de sus superiores porque lo que estaban cometiendo era un acto de piratería o de guerra. Lo mismo hacía Vangelis Pissias, que se encontraba fuera del barco, justo en la parte del altillo que había frente a la cabina del timón.

Los comandos israelíes entraron en el barco por grupos. Unos fueron a la parte de proa del barco donde, desde la cabina pude ver cómo separaban a Ricardo Sixto y el doctor del grupo. Al menos unos cinco soldados estaban con ellos. De lo que pasó en la parte de babor del barco no pude ver casi nada debido a que el altillo de la parte delantera de la cabina del timón lo tapaba. Sí pude escuchar gritos y los primeros sonidos de las pistolas Táser, que provocaban descargas eléctricas. En esta zona debía encontrarse Begoña Zabala.

A los pocos minutos pude ver como el parlamentario griego Vangelis Diamandopoulos se acercó al borde del altillo. Los soldados israelíes estaban a punto de subir con intención de tomar el control del barco. Se dirigió con los brazos en alto a los soldados diciendo que el barco no era suyo y no se les permitía que subieran. Además les informó que era un parlamentario. La respuesta de los soldados fue una serie de descargas eléctricas que dejaron al parlamentario en el suelo. Pude presenciar como él era tratado exactamente igual que las demás personas.

Pasados unos veinte minutos desde el inicio del abordaje, los soldados empezaron a subir el altillo que había justo frente de la cabina del timón. Allí estaban una decena de personas de la tripulación del Estelle resistiendo pacíficamente a que los soldados tomasen el barco. Entre esas personas estaban Reut Mor y Elik El Hanan; dos jóvenes israelíes que habían formado parte del ejército israelí unos años atrás y quienes intentaron dialogar con los soldados hablando en inglés y en hebreo. Los soldados se pararon un rato hasta que un soldado de rango superior les dio la orden de sacar a la tripulación de aquella zona. Los tripulantes no se quisieron mover así que los soldados aplicaron distintas descargas eléctricas a todos ellos, reduciendo su movimiento y llevándoselos de aquella zona hasta que quedaron tres personas que fueron las que más resistieron y más descargas eléctricas recibieron. Uno de ellos era Stellan Vinthagen, un profesor del International Center on Non-violent Conflict (ICNC), quien unos días antes impartió un curso sobre no violencia a los tripulantes del velero Estelle. A los pocos minutos habían reducido al total de tripulantes que estaban en el exterior de la cabina de mando, donde yo me encontraba, y procedieron a entrar.

Los soldados se dieron cuenta de que nos habíamos encerrado con candados, así que buscaron una fórmula para entrar. Decidieron romper la puerta. Justo antes de romper la puerta, tal como habíamos acordado, bajé a la cocina y esperé allí con otros tres compañeros más de la tripulación.

Desde la cocina solo se podían escuchar gritos tras la entrada de los soldados, pero no podíamos ver nada. Era otra parte del barco que estaba totalmente cerrada y a la que solo se podía acceder desde la cabina del timón. La espera se hizo larga al no saber qué estaba pasando arriba. Hasta que, desde la cabina del timón, Dror Feiler, que se encontraba junto a un soldado, nos indicaba que debíamos ir subiendo con las manos en la cabeza. Y así lo hicimos. Justo arriba nos encontramos a un gran número de soldados. El barco estaba completamente tomado. Salimos de uno en uno. Yo salí con la cámara en mano y el carné internacional de periodista en mano. Me indicaron que les diese mi cámara. Y les contesté que no; que yo era periodista y tenía mi derecho a informar de lo que pasase en ese barco. Uno de los soldados de más alto rango me la quitó de las manos de mala manera y me dijo que esa cámara ya no era mía. Me la estaban robando.

Me empujaron a salir de la cabina del timón. Yo era de las últimas en salir. Nos iban bajando a todos del altillo delantero de la cabina del timón a la parte baja exterior del barco. Pero antes de bajar del altillo me di cuenta que Stellan Vinthagen aún estaba allí arriba, completamente rodeado de soldados y apartado del grupo. Así que decidí preguntar a un soldado por qué él estaba allí. No me contestó. Le pregunté a otro y me dijo que Stellan quería estar allí. No me lo creí. Así que, aunque me dijesen que avanzase, le pregunté a Stellan si quería venir conmigo. Y él respondió que sí. Así que volví a dirigirme al soldado que me contestó y lo hizo levantar y lo llevó justo detrás de mi. Stellan iba con los pantalones completamente rajados de una pierna. Se notaba que le habían pegado. Bajamos y nos llevaron donde estaba el gran grupo de la tripulación.

Después de entre 40 y 60 minutos, los comandos israelíes habían tomado el control del velero Estelle. Nos encontrábamos a 25 millas de la costa de Gaza, en aguas internacionales. Consiguieron entrar en la zona de máquinas pero no consiguieron volver a arrancar el motor. Uno de los ingenieros de máquinas lo había boicoteado para que no se pudiese volver a arrancar justo antes que los soldados israelíes subieran al barco. Los soldados preguntaron por el ingeniero de máquinas pero nadie dijo nada, en un claro acto de desobediencia frente a una ilegalidad que se cometía en aguas del Mediterráneo.

Estuvimos unas 10 horas en el barco hasta llegar al puerto israelí de Ashdod. Durante estas horas recuerdo los nervios del principio de contar a ver si estábamos todos. En el barco sólo éramos 4 chicas así que antes que sucediera esto hicimos un pacto entre nosotras que teníamos que estar juntas o, al menos podernos ver. Echamos de menos a Reut Mor, la chica israelí. Ella estaba en otra parte del barco, apartada del gran grupo. Me dirigí a un soldado para comentarle que no la veía y que queríamos estar juntos. Fui insistente hasta que el soldado llamó a su superior, quién me dijo que ella estaba en otra parte del barco. Fui insistente y cansina hasta que la trajeron junto a nosotras. Recuerdo que estábamos en la parte central del barco, justo antes de llegar a proa. Algunos sentados y otros levantados. Nos estuvieron grabando todo el rato. Yo me quejaba de que si ellos grababan yo también lo quería hacer con mi equipo. Por supuesto, me ignoraban. Algunos chicos estaban nerviosos. Para ellos la situación era muy nueva. Llegó el momento que nos fueron llamando de uno en uno.

En el barco habían entrado mujeres soldado. Un grupo de soldados empezaron a inspeccionar todas las partes del barco. Otro grupo se instaló dentro de la cocina; parecía que ese era el punto de mando. Las mujeres soldado que entraron en el barco iban sin cubrir de la cara y vestidas como la policía que controla los puntos de control en Palestina. Me llamó la atención que ellas entraban sin tapar de la cara mientras que los chicos iban todos tapados. Llamaron a las chicas de una en una a la parte de la cocina. Yo fui la última y antes mío pasó Maria-Pia Boethius, una periodista sueca de unos 70 años a quién sentí gritar. Se quejaba del trato recibido mientras las soldados israelíes la trataban de malas formas. Tocó mi turno. Me tiraron contra la pared de la cocina del barco y hicieron que abriésemos las piernas y las manos. Me cogieron de la mano el pasaporte y el carné internacional de prensa mientras yo me quejaba diciendo que habían maltratado a una mujer mayor. No me hicieron ni caso. Les comentaba que me habían robado la cámara y no permitía que me quitasen el carné de prensa; que estaban violando la libertad de información. Supongo que en esos casos te aferras a lo que tienes; y, en mi caso, a parte de decirles que estaban cometiendo ilegalidades creía importante también informar que yo era periodista.

Los momentos de tensión bajaron. Nos movieron a todos en la parte trasera del barco mientras ellos intentaban recoger las velas del velero. Nos dieron comida para que nos pudiesen grabar mostrando lo ‘buenos’ que eran así que la rechazamos. Llegó un momento que pedí ir al baño. Querían que fuese sola y me negué. Dije que quería que una mujer viniese conmigo. Después de mucho discutir junto a la israelí Reut, nos dejaron ir al baño, acompañadas de dos mujeres soldado. Avisaron a todos que se cubriesen la cara. Cruzamos todo el barco para ir al baño que había en los compartimientos donde dormíamos que estaban justo al frente del barco. Pudimos ver como algunos soldados estaban comiendo bocatas, otros estaban poniendo el barco patas arriba y las mujeres nos seguían; apuntándonos con sus armas. Pudimos entrar en los baños pero ellas venían con nosotras. Tuvimos que orinar con las puertas abiertas y ellas mirándonos. Volvimos a salir y nos pusieron junto al grupo.

Las horas iban pasando. El barco se movía muy lento debido al boicot que se hizo en la sala de máquinas. Llegó un momento que empezaron a llamar a varias personas a que entrasen dentro del barco. Estaban llamando básicamente a los parlamentarios de distintos países. En el barco estaban parlamentarios españoles, griegos, noruegos… Llegó el turno de Ricardo Sixto. Yo siempre le hacía las traducciones porque no tiene un buen nivel de inglés. Pidió a los soldados a ver si yo podía ir para su traducción y se lo negaron. Decidió entrar solo. No recuerdo las preguntas que comentó que le hicieron pero salió al poco rato.

Las horas iban pasando y llegamos a ver la Franja de Gaza desde lejos. Todos nos levantamos para verlo. Yo era lo más cerca que había podido llegar… Y llegamos al puerto de Ashdod. Pocas millas antes había aparecido un barco que nos remolcaba dirección al puerto, donde se nos entregaría a la policía.

La llegada al puerto de Ashdod es de las partes que recuerdo más claras. Recuerdo empezar a ver cámaras grabando, gente esperando fuera y muchas banderas israelíes. Al rato de que el barco parase, nos ordenaron a salir de uno en uno. Un soldado era el encargado de ir llamándonos, apareciendo con el pasaporte de quien llamaba en la mano. Llegó mi turno. Me hicieron ir a la zona central del barco para que dijese cuál era mi mochila. Finalmente localicé la mía pero estaba casi vacía. Les comenté que había visto como la sacaban de mi cuarto (esa noche las chicas habíamos dormido en la habitación donde de normal dormía el capitán). Les dije que las cosas debían estar dentro y asignaron a un soldado para que entrase en la cabina conmigo. Yo recogí mi ropa y, también la que veía que era de Begoña. Lo puse en la mochila y salí.

Fuera, en la cubierta del barco otra vez, me ordenaron salir pero dije que me faltaba mi cámara y el carné internacional de prensa. Mi pasaporte lo tenía un soldado. Había otras personas que tampoco encontraban sus cosas. Entre ellos, estaba un marinero que no encontraba sus papeles para la navegación. Decidí plantarme y no salir del barco hasta que no me devolviesen el carné y la cámara. El barco estaba hecho un caos pero, después de un rato, encontraron mi carné y me lo dieron. Faltaba mi cámara. Me dijeron que no me la darían. Pedí hablar con un superior y le dije que la cámara era mía y que no permitía que se la quedasen. Al principio no me respondía hasta que finalmente me dijo de manera agresiva que la cámara ya no era mía y que nunca más la volvería a ver. Me hizo bajar del barco y allí se terminó la conversación.

Al bajar del barco grité que Israel me estaba privando de la libertad de información. Allí no importaba nada. Pero al menos yo me sentía mejor gritando. Bajé del barco con una soldado a cada lado; apretando fuerte mis brazos, como si me fuese a escapar. Me llevaron a una serie de controles. Volvieron a revisar si llevaba algo en mi cuerpo. Inspeccionaron mi mochila. Revisaron todo lo que llevaba. Se quedaron con lo que les dio la gana diciendo que eso no estaba permitido. Me destrozaron unas bambas porqué pensaban que tenían algo en las suelas. Y de todas las preguntas que me hicieron respondí muy poco. Puede que solo diese mi nombre. Había una serie de ordenadores y teléfonos satelitales puestos como exposición. Me pidieron si alguno de ellos era mío. Les dije que no aunque reconocí el teléfono satelital que llevaba. Habíamos acordado que Ricardo Sixto diría que era suyo para ver que respondían.

Me sacaron del puerto de Ashdod dirección a un centro de detención o algo similar. De alguna forma, nos habían pasado a la policía y ahora el ejército ya no era responsable de nosotros. Me llevaron a una habitación donde estaba parte de mis compañeros. Me sacaron de allí y me hicieron ir a otra habitación donde estaba un chico, medio atemorizado, quien nos tenía que tomar nota sobre quien éramos. Solo le dije mi nombre y que tenía pasaporte español. Lo demás quedaría en blanco. Allí pedí que quería recuperar mi cámara de vídeo. Él me dijo que de esto no sabía nada; que quien se encargaba era el ejército. Yo le pregunté si podía poner una denuncia (o podía quedar anotado en alguna parte) ya que el ejército me había robado la cámara y me dijo que sí. Lo anotó en el papel donde anotaba mis datos. Le pedí copia y me dijo que no me la podía dar.

Volvieron a llevarme a la primera sala que era como una sala de espera. Al rato me llevaron a otra sala. Allí tenían mi expediente. Me tomaron las huellas dactilares y salió mi nombre en su ordenador junto a un largo expediente. Cuando el tipo que estaba frente al ordenador lo vio, le cambió la cara. Comentó algo a sus colegas y vinieron a ver lo que salía en la pantalla. Begoña Zabala estaba sentada cerca y podía ver la pantalla. Uno de ellos levantó la vista; me miró como si hubiese visto el diablo y me dijo “Mavi Marmara”. Lo miré tranquilamente y levanté los hombros con la expresión de ‘que le vamos a hacer…’. Revisado mi expediente me volvieron a sacar a la sala de espera. Empecé a escuchar gritos. El parlamentario griego Vangelis Diamandopoulos, que le tocaba poner sus huellas para proceder a ser identificado, se negó. Al salir, comentó que le habían puesto una pistola en la cabeza y le habían obligado a poner el dedo en el escáner.

Y aquí empieza una de las partes mas agresivas para mí. No era una agresión física pero si mental. Tuve tres interrogatorios. Me sacaban de la sala de espera, me llevaban a otra sala donde me interrogaban y me volvían a devolver a la sala. No sé cuántas horas pasé allí pero los interrogatorios se me hicieron eternos. El perfil de personas que me interrogaban eran hombres adultos. Detrás de mí había otras cinco o seis personas escuchando. Todos empezaban preguntando mi nombre y saltando a preguntas personales como quien era mi pareja, sobre mi familia, sobre mi vida… Me acogí a la “ley del silencio”. Los chicos israelíes que viajaban con nosotros al barco nos hablaron de esto. Es un ley que existe en Israel. Recuerdo que en todos los interrogatorios solo dije mi nombre, mi nacionalidad y que me acogía a la ley del silencio. Esto no les gustaba nada; lo podía ver en su mirada.

Finalmente, tuve mi último interrogatorio en este centro de detenciones. No sé qué hora era pero tenían que ser altas horas de la madrugada del domingo 21 de octubre de 2012. Yo estaba cansadísima pero tenía claro que no podía desfallecer. Y llegó el momento mas violento a nivel verbal y de ambiente. Me llevaron a una sala que tenía la luz tenue, con una gran bandera de Israel pegada en la pared del fondo. Allí me empezó a interrogar un chico joven que no consiguió nada más que lo que habían conseguido los anteriores. Luego se sumó un hombre mayor de edad. Al principio quise que me hablasen en castellano pero se dieron cuenta de que entendía perfectamente el inglés y siguieron con este idioma. En la sala había unas diez personas más, justo detrás de mí, escuchando y generando presión. El interrogador empezó haciéndome las mismas preguntas una y otra vez… supongo que esperando que en alguna respondiese algo distinto a que yo me acogía al derecho al silencio. Siguió con preguntas mucho mas personales que las anteriores y con otras preguntas que buscaban la provocación dejando que las preguntas se entendiesen como afirmaciones. Algunas giraban entorno a que yo tenía alguna relación amorosa con alguien del barco, sobre mi relación de pareja actual… Y lo que más me sorprendió fueron las afirmaciones de mi viaje a Chile que contaban exactamente lo que yo había estado haciendo. Recibí el mensaje. Con estas afirmaciones sobre mi vida estaban enviándome el mensaje de que sabían lo que hacía en cada momento. Yo continuaba usando mi derecho a estar en silencio. Incluso cuando me pedían si quería agua, intentando que al menos respondiera un sí o un no, yo respondía que me reservaba el derecho al silencio. Y el tono fue subiendo. Llegaron a decirme que si Israel no fuera una democracia estaríamos muertos, que nos fuésemos a ayudar a Siria, que estábamos atacando su honor… También entraba en el interrogatorio el chico joven para generar más presión sobre mí. Recuerdo que para no cansarme empecé a pensar en cosas buenas… intentando poner atención en otras cosas. Pero ellos tenían claro que yo había participado en el Mavi Marmara. Hicieron afirmaciones en relación a eso pero nunca caí a la provocación. Se ensañaron conmigo porqué participé en la primera Flotilla de la Libertad y, supongo, que también sabían que había interpuesto una querella en el Estado español contra los máximos responsables del ataque al Mavi Marmara. Fue un interrogatorio muy largo pero, finalmente, al ver que no respondería a nada insistieron en que firmara un documento que decía que habíamos entrado ilegalmente al país. Me negué a hacerlo. Volvieron a llevarme a la sala de espera.

Desde la sala de espera mucha de la tripulación del Estelle ya les habían llevado a prisión. Me encontré con Ricardo Sixto y con Begoña Zabala. Querían firmar el papel conforme habían entrado ilegalmente porqué los griegos también lo habían firmado. En aquél entonces ya estaba un representante consular de la Embajada Española en Tel Aviv. Insistía en que firmásemos el documento. Habíamos hecho un pacto colectivo que consistía en no firmar nada hasta poder hablar con nuestros abogados. Finalmente yo no firmé y me llevaron a prisión.

La prisión en la que me llevaron estaba en muy malas condiciones físicas. Entré sola en la prisión sin saber si dentro me encontraría con alguna compañera del Estelle. Pasé unos momentos difíciles cuando me hicieron dejar todo lo que llevaba y quitarme la camiseta porque, según ellos, era provocadora. Muchas de las camisetas que tenía eran sobre Palestina pero finalmente encontré una que no y me dejaron entrar con esta. Se me trató como una delincuente. Finalmente me hicieron entrar en una celda y allí encontré a Maria-Pia Boethius. No la había visto desde que yo había salido del barco. Me enseñó la cantidad de moratones que le habían provocado las descargas eléctricas que había sufrido. Ella pidió que le fotografiasen dichas heridas y así lo hicieron. Pero esas fotos no sé donde quedaron. Debían ser las 7 de la mañana cuando ingresaba en prisión y casi no pude dormir por la deplorable situación de la celda y porqué nos hacían salir al patio, de vez en cuando.

Recuerdo estar algunos ratos sola con alguna mujer funcionaria vigilándome en el patio. Ella sabía que yo era periodista y me preguntaba el porqué de esos ‘ataques’ a su población; por qué queríamos dejarlos en ridículo frente al mundo. Yo le comentaba que a ella solo le llegaba parte de la información y que parte de su miedo era provocado por su propio gobierno. Recuerdo que ella llegó a decirme que si yo creía que se debían cambiar las cosas me hiciese política y no periodista. Allí fui un poco más consciente de la importancia de formar parte de estas acciones y contarlas desde dentro.

Llamaron a mi compañera de celda a una reunión que ella, junto a los chicos suecos, tendrían con su cónsul. Mientras ella estaba fuera, los funcionarios de prisión intentaron que yo volviese a firmar el documento de entrada ilegal al país. Me negué y les comenté que, lo que fuese, lo decidiría junto a mi compañera cuando volviese. Al volver, ella comentó que el grupo había decidido que las chicas firmásemos el documento y que saliésemos a contar lo que habíamos vivido. Ellos no lo firmarían hasta verse con los abogados unos días mas tarde.

A las pocas horas nos informaron que tanto Maria-Pia como yo volaríamos con el siguiente vuelo a nuestros respectivos países. Al salir de prisión me crucé con el cónsul de España en Tel Aviv que venía a visitarme. Le dije que había firmado el documento y que me llevaban al aeropuerto. Pasamos por un centro de detenciones que había cerca del aeropuerto. Maria-Pia se quedó allí y un policía vestido de paisano me llevó al aeropuerto donde pasé al menos tres controles distintos. Chequearon mi mochila y me registraron concienzudamente. Una vez pasado el control, volvieron a llevarme al centro de detenciones anterior pero no me encontraría con Maria-Pia.

El policía que me llevaba de un lado a otro hablaba un español perfecto. Me comentó que había estado varias veces en España y que, incluso, tenía una empresa en Barcelona. Fue interesante dialogar con él aunque muchas cosas no me las quiso decir. Le expresé mi opinión y los motivos que me movían a participar en acciones como las de la Flotilla de la Libertad y él daba el continuo argumento de la seguridad nacional.

Finalmente me llevaron al aeropuerto. Entramos directamente a la pista donde estaría el avión. Subí al avión junto a ese policía quién dio mi pasaporte al capitán del avión. En pocas horas llegaría a Barcelona donde una azafata me devolvería mi pasaporte y yo me reuniría con mi familia y amigos.

El velero Estelle el año 2012 no pudo llegar a Gaza pero a través de esta acción mostramos que la solidaridad es la ternura de los pueblos y volvimos a llamar la atención al mundo sobre la situación que está sufriendo la población palestina que, en gran parte, viene dada gracias a la complicidad de nuestros gobiernos. Además de acciones humanitarias, las flotillas son acciones políticas que pretenden denunciar la constante vulneración de Derechos Humanos que vive la población palestina y el desprecio que el Estado de Israel tiene a la legislación internacional. Aquí se puede ver el vídeo resumen de la iniciativa de ese año.

Laura Arau
Barcelona, 24 de julio de 2013

Vídeo sobre la misión del velero ‘Estelle’