“Papi, si sabías lo que estaba pasando en Gaza, ¿por qué no hiciste nada?”

Entrevista a Charlie Andreasson, un activista sueco a bordo de la Flotilla de la Libertad, realizada por Estefanía Escoriza en lavozdelsur.es

El pasado mes de mayo se cumplían 70 años de la creación del estado de Israel. Siete décadas de catástrofe. Una matanza lenta. La humillación de millares de palestinos. La Franja de Gaza se encuentra al límite, con protestas diarias en la frontera en las que han muerto en las últimas semanas más de 140 palestinos por disparos israelíes y ha habido miles de heridos, que han colapsado el sistema sanitario del territorio. Son 70 años en un infierno para los gazatíes, sometidos a un bloqueo inhumano y acosados por los militares de Israel. La historia de un pueblo que se tiñe cada día del color de la sangre.

Es por ello que la Flotilla de la Libertad, que ha escalado en la capital gaditana en estos días, continúa su rumbo hacia Gaza. Se trata de una nueva acción para desafiar el bloqueo impuesto desde 2007 por Israel y Egipto y para llamar la atención mundial sobre la grave situación humanitaria en la que se encuentran los habitantes de la Franja. Los miembros de la Flotilla aseguran que solidarizan con el pueblo palestino, “pero no apoyamos ningún partido político u organización en particular, sin excepción. Nuestras acciones contra el bloqueo siempre están regidas por los principios de no violencia y resistencia pacífica”. 

En lavozdelsur.es hemos hablado con Charlie Andreasson, primer oficial en Al-Awda (uno de los barcos que compone la flota) y activista a bordo de esta aventura. Charlie es de Styrsö, en el archipiélago de Gotemburgo (Suecia), y generalmente trabajaba como marinero de cubierta para la compañía naviera Styrsöbolaget. Lleva seis años participando en este tipo de expediciones. “Aunque soy marinero siempre me han interesado los principales problemas políticos. En 2009, estudié un curso de relaciones internacionales en la Universidad de Gotemburgo, y había un conferenciante en gestión de conflictos que mencionó la flotilla”. 

Andreasson nos cuenta que la primera vez que navegó con Ship to Gaza fue con Estelle en 2012, “pero estuve involucrado con el movimiento desde antes. La segunda vez fue en 2015 con el barco Marianne (2013-2014). Estuve supervisando el proyecto ‘Arca de Gaza’, un barco de pesca que reconstruimos en un pequeño barco de carga con el propósito de romper el bloqueo desde adentro”. Este marinero sueco también fue miembro del ISM –International Solidarity Movement-, y durante la guerra llegó a participar como escudo humano en hospitales. “También documenté crímenes de guerra y el tipo de bombas que usaba Israel, luego entregué la información a la ONU y a Human Rights Watch”, comenta. Tras todo esto estuvo el pasado año en un barco de rescate a las afueras de Libia.  

A la pregunta de qué le hizo tomar la decisión de involucrarse en este proyecto, Charlie Andreasson es bastante directo. “La política de ocupación y colonización de Israel ha estado en vigencia por más de 50 años y nuestros gobiernos están dejando que Israel cometa graves imprudencias con la violación de las leyes internacionales y los derechos humanos, lo cual me parece vergonzoso. Además, cuando sea viejo y mi hijo se acerque a mí y me pregunte: ‘Papi, si sabías lo que estaba pasando en Gaza, ¿por qué no hiciste nada?’ Por él -y por mi conciencia- tengo que hacer lo que pueda”. 

Pero las realidades siempre son difuminadas en función de las voces que las narra. En occidente tenemos una versión del conflicto, pero ¿cuán diferente puede ser esta versión de la realidad? “Aún consideramos que lo que Israel dice es verdad y ni siquiera nos molestamos en escuchar a los palestinos o verificar nuestros propios sentimientos. Las narraciones israelíes son poco o nada. Pero cada vez más personas en occidente comienzan a entender cómo es la realidad, que Israel está utilizando la violencia para ocupar territorio, en violación del derecho internacional, mientras que los palestinos, de acuerdo con el derecho internacional, están haciendo resistencia”, expone Andreasson.

El activista sueco reconoce que después de formar parte de este proyecto “no me he vuelto más rico, si entiendes lo que quiero decir. Pero me siento mucho mejor y ahora siento menos frustración, porque intento hacer algo que va mucho más allá de leer sobre el tema”. Finalmente le preguntamos por cómo alentaría a otros a brindar ayuda en el conflicto israelo-palestino: “Todos pueden marcar la diferencia. No tienes que ser un político, una estrella de cine o incluso un activista. Ser parte del movimiento de boicot es una gran forma de involucrarse y un gran comienzo para alguien que quiere cambiar las cosas para mejor”, apunta.

Andreasson ha publicado el libro Diario de Gaza. En él cuenta cómo durante un año completo trabajó en el puerto de la ciudad palestina, renovando un barco pesquero, en el mencionado proyecto Arca de Gaza, para desafiar el bloqueo desde dentro. El sabotaje y los bombardeos durante la guerra en el verano del verano de 2014 redujeron la esperanza. Además, en su blog va narrando -aunque en sueco- cada uno de sus movimientos a bordo de Al-Awda. La Flotilla de la Libertad navega camino a Cagliari (Italia), el próximo puerto en la ruta. Pronto llegará a su destino para apoyar la causa y defender la palabra que lleva escrita en la proa.

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